lunes, 28 de junio de 2010
jueves, 24 de junio de 2010
Cuando, poco a poco aunque en realidad de golpe, te das cuenta de que nadie, ni siquiera uno mismo, se salva de aquellos motivos que nos hacen despreciables.
De nuevo, apología de Tito Plauto. Misógino para algunos y realista para mí. El refrán de la paja en el propio y la viga en ajeno. Lo traigo de nuevo a mi memoria y me sigo sintiendo un neófito del odio, aunque roce la categoría de maestro.
Odio, rabia e impotencia. Día tras día.
El engaño, las máscaras y los disfraces, a veces tan bien hechos que parecen reales incluso de cerca. La pedantería, el ego como despótico comportamiento y sobretodo, la hipocresía como lábaro inamovible.
Una mácula más de la plepa.
Que me dejes en paz, coño.
De nuevo, apología de Tito Plauto. Misógino para algunos y realista para mí. El refrán de la paja en el propio y la viga en ajeno. Lo traigo de nuevo a mi memoria y me sigo sintiendo un neófito del odio, aunque roce la categoría de maestro.
Odio, rabia e impotencia. Día tras día.
El engaño, las máscaras y los disfraces, a veces tan bien hechos que parecen reales incluso de cerca. La pedantería, el ego como despótico comportamiento y sobretodo, la hipocresía como lábaro inamovible.
Una mácula más de la plepa.
Que me dejes en paz, coño.
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miércoles, 23 de junio de 2010
sábado, 5 de junio de 2010
84
... y allí estaba yo, casi a las 6 de la madrugada golpeando el saco. Uno tras otro, envite tras envite, él seguía allí inerte. De vez en cuando mecido con un vaivén cuasi hipnótico.
Los ensayados movimientos de cadera, la mirada fija, la mente en blanco y los puños silbando. Bailo a su al rededor. Y ahora mismo nada más importa.
Finto, me muevo a un lado y golpeo a la zona de las costillas. Me muevo y doy un golpe alto. Combinaciones estudiadas, alante, atrás, un gancho...
Mi respiración es lo único que retumba en toda la nave. El sudor se va despeñando por mi cara, metiéndose en mis ojos.
Pero sigo golpeando, una y otra vez. En contra de todo lo aprendido desprendo ira, vesanía, furia, cólera y enojo. Golpeo con toda la fuerza que me deja mi cuerpo ya extasiado, pero el cansancio puede con cualquiera. De repente de desplomo. Caigo al suelo, con los pies desnudos y comienzo a llorar. No sé muy bien porqué, pero lo hago profusamente. Aún me quedo un rato más desahogándome tendido en el suelo. Todo esto se hubiere podido evitar, tan solo con un abrazo de la persona debida.
Los ensayados movimientos de cadera, la mirada fija, la mente en blanco y los puños silbando. Bailo a su al rededor. Y ahora mismo nada más importa.
Finto, me muevo a un lado y golpeo a la zona de las costillas. Me muevo y doy un golpe alto. Combinaciones estudiadas, alante, atrás, un gancho...
Mi respiración es lo único que retumba en toda la nave. El sudor se va despeñando por mi cara, metiéndose en mis ojos.
Pero sigo golpeando, una y otra vez. En contra de todo lo aprendido desprendo ira, vesanía, furia, cólera y enojo. Golpeo con toda la fuerza que me deja mi cuerpo ya extasiado, pero el cansancio puede con cualquiera. De repente de desplomo. Caigo al suelo, con los pies desnudos y comienzo a llorar. No sé muy bien porqué, pero lo hago profusamente. Aún me quedo un rato más desahogándome tendido en el suelo. Todo esto se hubiere podido evitar, tan solo con un abrazo de la persona debida.
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jueves, 1 de abril de 2010
miércoles, 9 de diciembre de 2009
81
BOOM
Vuelve a retumbar penetrante, dándome puñetazos desde dentro del pecho, mi corazón me intenta decir que, aunque no quiera, sigo vivo.
Que sigo padeciendo, más que sintiendo; llorando más que riendo; y viviendo con antipatía el vomitivo mundo que me rodea.
Las tristezas son perennes, pero las suturas perduran. De vez en cuando, algún imbécil, hurgará con su navaja cochambrosa y oxidada en aquellos hilos sobre los que ya cicatrizó carne. Algún desalmado echará sal y veneno para que escueza, supure y no sane.
Siempre habrá alguien dispuesto a joder todo lo que amas, todo lo que quieres y todo por lo que luches.
A veces, incluso, sin darse cuenta, sin que medie alevosía; pero ensañándose porfiriosamente con toda su ánima.
Escribir se convierte en la manera que tenemos los insensibles de vomitar sentimientos, de darnos patadas en la cabeza a nosotros mismos, de obligarnos a llorar, de suicidarnos en negro sobre blanco, en definitiva, de sentir.
Esgrimir la pluma es, en consecuencia, más que un arte, para algunos, una necesidad. Pero el sentimiento no es nada sin la técnica, y la técnica no es nada sin el sentimiento.
Dejar caer pintura sobre un lienzo o serpentear con un lápiz un esbozo torpemente sobre un papel me dan la misma lástima que el que deja despeñar de su cerebro un montón de palabras y las agrupa en frases insustanciales, sentidas, pero fuera de toda estructura.
El sentimiento es inútil y efímero. Por eso, la poesía, es el arte de lo baladí, de la fútil, de lo nimio, de lo trivial, en definitiva, de lo insignificante.
Vuelve a retumbar penetrante, dándome puñetazos desde dentro del pecho, mi corazón me intenta decir que, aunque no quiera, sigo vivo.
Que sigo padeciendo, más que sintiendo; llorando más que riendo; y viviendo con antipatía el vomitivo mundo que me rodea.
Las tristezas son perennes, pero las suturas perduran. De vez en cuando, algún imbécil, hurgará con su navaja cochambrosa y oxidada en aquellos hilos sobre los que ya cicatrizó carne. Algún desalmado echará sal y veneno para que escueza, supure y no sane.
Siempre habrá alguien dispuesto a joder todo lo que amas, todo lo que quieres y todo por lo que luches.
A veces, incluso, sin darse cuenta, sin que medie alevosía; pero ensañándose porfiriosamente con toda su ánima.
Escribir se convierte en la manera que tenemos los insensibles de vomitar sentimientos, de darnos patadas en la cabeza a nosotros mismos, de obligarnos a llorar, de suicidarnos en negro sobre blanco, en definitiva, de sentir.
Esgrimir la pluma es, en consecuencia, más que un arte, para algunos, una necesidad. Pero el sentimiento no es nada sin la técnica, y la técnica no es nada sin el sentimiento.
Dejar caer pintura sobre un lienzo o serpentear con un lápiz un esbozo torpemente sobre un papel me dan la misma lástima que el que deja despeñar de su cerebro un montón de palabras y las agrupa en frases insustanciales, sentidas, pero fuera de toda estructura.
El sentimiento es inútil y efímero. Por eso, la poesía, es el arte de lo baladí, de la fútil, de lo nimio, de lo trivial, en definitiva, de lo insignificante.
martes, 24 de noviembre de 2009
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